Mañana podría ser el día en el que un artista afroamericano se corone como el gran ganador, tras diez años de sequía y un escándalo en la edición 2017, cuando una incrédula Adele se impuso a Beyoncé; Kendrick Lamar es un fuerte candidato a quedarse con el lauro Fuente: AP

“Hoy es nuevo día, que prueba que lo imposible puede ser posible”, decía Herbie Hancock el 10 de febrero de 2008 cuando recibió el Grammy a Mejor álbum del año por River: The Joni Letters, su disco de versiones de Joni Mitchell. Las palabras hacían referencia a la poca valoración que tuvieron históricamente los músicos de jazz por parte de la academia encargada de entregar los premios. Diez años después, el reclamo puede extenderse a la música negra en general, que desde entonces no ha vuelto a ganar en la categoría más importante de los premios más importantes de la industria musical. Un hecho difícil de explicar si se tiene en cuenta que, durante ese período de tiempo, se desarrollaron artistas de la talla de Beyoncé, Kanye West , Rihanna y Kendrick Lamar por ejemplo.

Pero la 60º entrega de los Grammy , que se realizará mañana, en el Madison Square Garden -en lo que marca el regreso de la ceremonia a Nueva York luego de 15 años de llevarse a cabo en Los Ángeles y que se verá en vivo, por TNT, desde las 21.30-, se prevé como la venganza de la música negra. Tanto desde los nominados como desde las presentaciones en vivo, el hip hop y el r&b serán los sonidos predominantes de la velada, a tono con la escalada de la Black American Music a nivel global. De hecho, la única artista blanca que compite como mejor álbum del año es Lorde con Melodrama, en una planilla que completan Jay-Z, Kendrick Lamar, Childish Gambino y Bruno Mars.