A la hora de imaginar la puesta de esta ambiciosa gira mundial que arrancó en febrero y terminará la semana que viene en Perú, el grupo Muse apostó al uso de pantallas gigantes, un escenario con larga pasarela entre la gente (con otra pequeña área para tocar los tres), efectos especiales y un conjunto de bailarines con ropas futuristas para hacer de robots, soldados o zombies. Lo que la banda nunca imaginó es que en un show al aire libre el clima podría realzar sus intenciones de dramatismo y épica con el desarrollo de una fuerte tormenta que recién se materializó durante los últimos minutos.

Así fue como el muy inspirado vocalista, guitarrista y tecladista Matt Bellamy llegó a cantar su arrollador potpourri metálico final entre una incesante cortina de lluvia, con nubes negras que taparon la brillante luna de dos horas antes, relámpagos que se veían cada vez más cerca, y truenos que sonaban junto a la poderosa base del bajista Chris Wolstenholme y el baterista Dominic Howard. Una imagen heroica, como su música.

Muse perfeccionó con cada álbum y gira la confección de obras impactantes, tal como ya se pudo ver en Argentina con sus visitas anteriores al teatro Gran Rex y el festival Personal Fest. Su estilo es una de las muestras más contundentes y ambiciosas del rock de las últimas dos décadas, tan progresivo como espacial y conceptual, a la vez metálico y hasta operístico.

Muse desembarcó en la Argentina con una puesta impactante sostenida en las hipótesis de la simulación llevadas al terreno de la ciencia ficción.

Muse desembarcó en la Argentina con una puesta impactante sostenida en las hipótesis de la simulación llevadas al terreno de la ciencia ficción.

Esta Simulation Theory World Tour se sostiene en las hipótesis de simulación, llevadas al terreno de la ciencia ficción y un futuro distrópico. De ahí los aires retrofuturísticos, presentes en las flmaciones con exoesqueletos amenzantes tipo Terminator, elementos de vestuario a la usanza de películas de los años ’50, sables láser, coreografías tomadas de Daft Punk, y un gigantesco monstruo inflable digno de Iron Maiden.

El resultado es un contundente despliegue de poderío rockero sostenido por tres héroes, cada uno aportando su cuota de virtuosismo y luciéndose a cada instante del recital, aunque obviamente Bellamy es el primero es acaparar las miradas. Su fuerza vocal es capaz de pasar del susurro frágil de Thom Yorke al impacto operístico de un Freddie Mercury. Y como guitarrista logró redefinir al “guitar heroe” de los años ’70 y ’80, combinando punteos, riffs y distorisión de manera magistral.

Matt Bellamy logra redefinir al guitar heroe de los '70 y los '80. (Foto: Andrés D’Elia)

Matt Bellamy logra redefinir al guitar heroe de los ’70 y los ’80. (Foto: Andrés D’Elia)

El show de la banda británica arrancó pocos minutos después de las 8 de la noche, cuando aún asomaba la luna entre las nubes y la tormenta parecía una exageración de los pronósticos. Subieron al escenario los bailarines disfrazados de robots, marchando con trombones hasta que Matt Bellamy apareció mágicamente en la punta de la pasarela central, portando sus ahora característicos anteojos con luces. El primer golpe al pecho fue Pressure, con Chris haciendo coros y Dominic tejiendo sus intrincadas polirritmias.

A partir de ahí, la celebración fue total, con las ocasionales coreografías y disfraces (robots disparando humo, etc) viéndose apropiadas y lejos del peligroso momento paródico a Spinal Tap. En el enérgico y contagioso Supermassive Black Hole asomó una cita casi ochentosa a Encuentros cercanos del tercer tipo, con luces de colores incluida.

La bandera correcta. Matt Bellamy dejó en el olvido su error de la anterior visita, cuando enarboló una bandera uruguaya y se llevó la reprobación del público, y se paseó con la enseña argentina ante la ovación de sus fans. (Captura TV)

La bandera correcta. Matt Bellamy dejó en el olvido su error de la anterior visita, cuando enarboló una bandera uruguaya y se llevó la reprobación del público, y se paseó con la enseña argentina ante la ovación de sus fans. (Captura TV)

Más adelante, el empuje metálico de Hysteria provocó el momento headbanger del público, y antes de Showbizz tomó la palabra el baterista para que la gente eligiera entre ese tema y Bliss, en una votación muy simpática y ajustada. Con Dig Down hubo un emotivo pasaje acústico y gospel, mientras que durante Mercy volaron cintas brillantes y papel picado mientras Bellamy se envolvía con una bandera argentina que rescató en una caminata entre la gente. No faltó el uso de sintetizadores y teclados bien ‘70s y el cierre con el gran inflable y la lluvia torrencial fue apoteósico, único e imposible de haber planificado.

El público los acompañó con devoción y fanatismo, coreando las melodías como un cántico tribal, cantando las frases claves de sus hits y ovacionando cada tema desde su inicio mismo. Son famosos en todo el mundo hace mucho, pero sin dudas que el fervor local los debe haber sorprendido nuevamente. Hubo más de 20 mil personas y se llenó el predio del Hipódromo de Palermo, dando puntapié a una larga serie de conciertos bajo la nueva marca de Flow Music XP.

El trío británico coronó bajo la lluvia una performance inolvidable, envueltos en el fervor de sus seguidores locales. (Foto: Andrés D’Elia)

El trío británico coronó bajo la lluvia una performance inolvidable, envueltos en el fervor de sus seguidores locales. (Foto: Andrés D’Elia)

La jornada, en una inteligente decisión de los organizadores, se adelantó dos horas debido al pronóstico meteorológico. Así, los también británicos de Kaiser Chiefs tocaron pocos minutos después de las 18 horas, prácticamente cuando dieron puerta para que ingresen los fans que llevaban un largo rato haciendo cuadras de cola. Sus canciones se popularizaron desde sus inicios en la década del 2000, con una suerte de revisita al estilo new-wave que sigue sonando fresca y que la gente acompañó al reconocer hits como Never Miss a Beat y el cierre con I Predict a Riot. El cantante Ricky Wilson con humor sugirió que “Si les gustó el show, pidan a sus políticos que nos traigan”. Se retiraron ovacionados.

Con Ricky Wilson al frente, los Kaiser Chiefs abrieron la jornada en el Hipódromo de Palermo, y se retiraron ovacionados.

Con Ricky Wilson al frente, los Kaiser Chiefs abrieron la jornada en el Hipódromo de Palermo, y se retiraron ovacionados.

A las 18.50 comenzó a sonar un solo de guitarra que anunció la llegada de Airbag, el número local entre dos internacionales. El trío de los hermanos Sardelli se lució con un gran set donde recorrieron temas de sus últimos discos, desde Una hora a Tokyo (2008) en adelante. Pato y Gastón se alternaron la primera voz, mientras Guido mantuvo todo firme desde su bajo, y así se sucedieron desde Un día diferente y Vivamos el momento hasta el flamante hit Como un diamante y su versión del Himno Nacional con solo de guitarra. Efectivo y siempre rendidores, los tres Airbag (más un baterista invitado) aportaron su rock clásico con guiños a Hendrix y Guns N’Roses. El público, a priori de otro estilo, los recibió muy bien y celebró cuando Pato se metió al final entre la gente.

Los Airbag jugaron de locales en en el Hipódromo de Palermo y fueron muy bien recibidos.

Los Airbag jugaron de locales en en el Hipódromo de Palermo y fueron muy bien recibidos.

E.S.