La agrupación tanguera de espíritu rockero y compromiso social vuelve a Santa Fe de la mano de “Ahora y siempre”, su más reciente disco. En exclusiva, el violista Charly Pacini introdujo a El Litoral en su particular universo artístico.

“La voz de Julieta (Laso) es más parecido a lo que hacemos nosotros al interpretar, vamos más a lo de raíz del tango”, afirma Pacini. Foto: Gentileza Marcela Verónica / MG Fotos

Ignacio Andrés Amarillo

iamarillo@ellitoral.com

Este viernes, desde las 21.30, la orquesta Típica Fernández Fierro se presentará en la Sala Mayor del Centro Cultural Provincial (Junín 2457). El colectivo tanguero traerá a la ciudad su flamante álbum, “Ahora y siempre”. Las anticipadas con descuento están disponibles en Boletería del teatro, de lunes a viernes de 14 a 21, o bien a través de www.eventosensantafe.com. En tanto, en puerta costarán 300 pesos.

En la previa del concierto, El Litoral dialogó con Charly Pacini, violista de la formación, para adentrarse en la identidad de un grupo único.

—Este disco apuesta de nuevo a los temas de los integrantes de la orquesta o de contemporáneos. ¿Qué tiene de particular o de distintivo con respecto a los anteriores?

—Más allá de seguir con la tradición de la Fernández Fierro, con tangos nuevos, letras nuevas, este disco tiene el plus de mostrar lo que somos ahora: estamos con una cantora nueva, con un sonido completamente diferente: está mejor trabajado que otros, con un técnico como Walter Chacón y con Tito Fargo, que nos dio una mano en cuanto a explorar una sonoridad. Sacar el sonido por una distorsión, por un amplificador, técnicas más del ambiente del rock. Que el contrabajo, el piano, las cuerdas, los fuelles, suenen un poco más podridos. En vivo usamos eso, un sonido procesado a través de cosas análogas como un pedal de efectos.

Tango rockero

—Esa onda rockera trasciende lo que parecía una pilcha, como pensaban algunos, sino que se mete en los arreglos y en el sonido. ¿Cómo convive en la cabeza la tradición y la búsqueda?

—La pilcha fue lo primero que llamaba la atención. Cuando arrancamos el proyecto era más cercano al rock, tocando el tango que nos gustaba, con la sonoridad de orquesta típica: un grupo de más de diez personas, pero con un sonido más pesado, con más volumen, más cosas rítmicas. Medio que el ambiente y nosotros mismo nos fuimos alejando de esa tradición, no en lo musical: nuestros tangos son bailables. Lo otro nunca fue la pretensión, entrar en la historia del tango. Puede haber pasado querer tocar eso como tocar ska, jazz o salsa. Se dio con el tango, la electricidad de todos siempre fue la misma: no pensar más que en nosotros y lo que es Fernández Fierro y lo que estamos haciendo.

Más allá del sonido, la actitud o la ropa, creo que estamos más emparentados con esa cosa que ya dejó un poco de ser el rock de acompañar lo que pasa en la sociedad, ser como un filtro artístico de lo que está pasando con la gente que nos viene a ver o a nosotros mismos. Participar en cualquier lucha social o cualquier reclamo. a todos nos moja esa inquietud de qué pasa, por qué suceden algunas cosas, y de ahí la inquietud de ir a tocar o dar una palabra de apoyo a ciertas actividades de reclamo, sobre todo de derechos para la gente. Ponele que eso nos diferencie de lo que es el ambiente tanguero, que es más conservador, o estar más cómodo con el establishment, y repetir una figurita de lo que fue el tango.

Eso no está bueno ni con el rock. Más allá de que te guste o no lo nuevo, es mejor que repetir algo, o al menos tomar un ejemplo sin imitar. Lo que escuchaste ahora lo ves con su propia sonoridad.

Siempre el tango y la música popular fue el reflejo de cualquier anomalía que pasa entre el público y los artistas. Por qué no pasan algunas cosas buenas. Nosotros tenemos el Caff (Club Atlético Fernández Fierro) que está costando muchísimo sostenerlo: no porque la gente no venga, sino que tener un lugar cultural se complica cada vez más, es un ahogo constante, midiendo todo con dinero porque te exigen cosas para expresarte. También hay una decisión ideológica de que se toque en lugares chicos como bares, o en la calle.

—En el Caff le dieron espacio a gente que no lo tenía.

—En agosto, se Inaugura el segundo Facaff, que es la Familia del Caff: un festival que se inició el año pasado, dos semanas intensivas con dos grupos cada noche. Es un hecho cooperativo, todas las bandas se unifican para organizarlo, hay una entrada barata, podés convivir con la gente que está en la misma, sin acceso a lugares para mostrarte. Nosotros estuvimos cuatro años tocando en la calle y nos acercó a la gente. Mostrando lo que es una orquesta de tango en vivo, algo raro desde los ’60, porque se perdió el interés y se redujo todo por una cuestión económica.

Dinámica grupal

—¿Cómo se sostiene un grupo autogestionado con tantos integrantes?

—Con energía que no necesita palabras. Se apoya lo que sucede: el festival, irnos de gira. Todo lo gestionamos nosotros, las fechas de Santa Fe y Rosario, porque si no quedás muy a la decisión de otras personas. Esto es un laburo, más allá del placer: un músico tiene que tener una retribución, cualquier artista. Eso se está perdiendo de a poco, se vuelve a las viejas épocas en que el artista está para hacer reír como un arlequín, para pasar el tiempo. No hay un espacio genuino para mostrar lo que hacés, necesitás alguien que te sponsoree.

—¿Cómo se maneja el día a día de un grupo tan grande?

—Es una relación humana, y al ser tantos aliviana mucho. Hay diversas opiniones, hay coincidencias, que son la mayoría. Como un grupo de compañeros que confían mutuamente, y cada uno se encarga de distintas cosas y es responsable de esa tarea.

—Se van sumando personas, como Gisela Faure para hacer las visuales.

—Importa que la persona que se sume esté convencida de dónde va a intervenir. En este hecho de las visuales es muy interesante, porque recobra una vieja estética de viejos grupos como Pink Floyd (salvando las distancias), del viaje visual más allá de lo sonoro. Sacar la imagen de la cara del músico y del cantante, que sea el grupo. Son imágenes que la música le sugirió a ella, las propuso y gustaron. Lo mismo que con Walter y Tito, que nos mostraron algo y agarramos.

Nos pasó con la tapa de “Ahora y siempre”, hecha por Alejandro Ros: después de una charla con el nombre, no conocía la orquesta, y le sugirió eso de las velas. tiene un efecto hermoso, pero después tiene muchos significantes “Ahora y siempre”, también está ahí, el yin y el yang. Es la primera vez que una persona de afuera del grupo hace la tapa.

Voz única

—¿Cómo dieron con Julieta Laso y su voz, después de tocar con “el Chino” Laborde?

—Por un desgaste personal y artístico del trabajo, romper con tradiciones del tango. Fue un recambio que era necesario y se dio. Julieta tiene otro acercamiento, y la orquesta suena distinto. la voz de Julieta es más parecido a lo que hacemos nosotros al interpretar, vamos más a lo de raíz del tango. Ella no cantó en orquesta antes, sino con guitarras, y se inventó a sí misma como cantora de orquesta: se bancó a los monos tocando atrás y ella como parte del grupo. Es un tipo de voz que no fue parte del género, quizás se parezca más al rock, es una voz nueva dentro del tango; una forma de decir diferente, con más rabia, más dolorida. Muy de agobio ciudadano. Ahora, es parte del sonido de la Fierro.