Este año nuestros queridos españoles Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina regresan al país para una una serie de presentaciones exclusivas en el nuevo estadio Buenos Aires Arena. No hay dos sin tres, el espectáculo con el que los veremos volver, tendrá lugar el 2, 3, 7 y 8 de noviembre próximo.

Antes del gran regreso del dúo a la Argentina, donde estuvieron por última vez hace 7 años, los visité en España para hablar pura y exclusivamente de la vida, esto es: de la música, de la historia, de la familia, de los miedos y de los grandes amores.

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‒¡Estamos de vuelta juntos!

Joaquín Sabina (JS) ‒Yo siempre que estoy contigo, primero, me alegro porque somos amigos, y luego me da mucho miedo de no ser el Nano (Serrat) y yo suficientemente rocanroleros para tí…

‒Sabés que lo son, sobre todo el Nano…

JS ‒¡El Nano, puro rock and roll!

‒¿Qué pasó, de vuelta? ¿Quién llamó a quién? ¿Cómo fue esta tercera juntada de Serrat y Sabina? ¿Quién hizo el primer llamado?

Joan Manuel Serrat (JMS) ‒ Es difícil de contar porque no es tan fácil. Hay unos intentos, hay llamadas con otras excusas, acercamientos… ¡No sé! Necesitábamos recuperar nuestras identidades, porque andábamos los dos un poco perdidos. Y curiosamente, nosotros recuperamos la identidad individual a partir de la dupla. La dupla nos hace irnos reconociendo a nosotros mismos.

‒La individualidad son ustedes dos…

JMS ‒Y dejamos de ser el otro. El tema es que estamos separados…

JS ‒No hubo un momento en que nos llamáramos, pero flotaba en el ambiente, no solo en el nuestro, porque recordábamos las fiestas, la felicidad y la camaradería, y compartir con varias generaciones, sino que también iba viniendo gente y me decía: “Oye, creo que vais a hacer una…”. Yo creo que sembramos rumores por ahí (risas)…

‒Ya cuando él te llamó y te dijo: “¿Me convidas un poco de azúcar que me quedé sin?”, dijiste: “Este quiere salir de gira”.

JS ‒Pero Serrat no me propone, a mí me da órdenes, como un mandatario: “¿Señor?”. Yo digo: “¡Sí, señor!” (risas).

‒¿Acata Joaquín las órdenes?

JMS ‒Él ya empieza a fabular… Realmente, ha sido una historia en la que han ocurrido muchas coincidencias. Por ejemplo, ocurre también que nuestras familias, encabezadas por nuestras respectivas esposas nos han echado de casa para la misma temporada. Han dicho: “¡No quiero que estés en casa en octubre y noviembre!”. Y yo le llamé, preocupado: “Joaquín, me ha ocurrido…”

JS ‒“¿Qué hacemos?” (risas) …

‒¿Cómo planifican la lista de temas? Sé que son dos artistas con una trayectoria increíble, llena de canciones y que les gusta renovarse. Me contaron que ayer se juntaron para armar la lista que van a hacer en Buenos Aires, Montevideo y Santiago de Chile, ¿qué están planeando en cuanto a las canciones?

JSM ‒En un concierto uno hace canciones de las que no puedes prescindir. El concierto tiene que estar repartido de manera homogénea entre sus canciones y las mías; todo tiene que estar equilibrado. No tanto por una razón nuestra, porque, sinceramente, a mí me da igual que hubiera un peso mayor…

JS ‒Es la tercera gira entre los dos. En las anteriores hemos aprendido que nuestras giras comunes eran más una fiesta colectiva intergeneracional, que unas interpretaciones de canciones ‒aunque también lo sean‒. Pero yo creo que el pueblo aquí tiene más derechos que en una gira mía o en una gira de él…Vamos a abrir las canciones con las que se enamoraron, con las que tuvieron un hijo, con las que se emborracharon…

‒Nosotros, en la Argentina, estamos hace muchas décadas tratando de hacer creer al mundo que Serrat y Sabina son argentinos; y ahora un poco lo demuestran porque no hacen gira por España (deberían hacer 50 shows) y van a Argentina, a Buenos Aires solamente, a Santiago de Chile y a Montevideo…

JMS ‒Nosotros los hacemos porque, sinceramente, nos gusta ir a trabajar en territorios socialmente pacíficos (risas)… al coño sur… (risas)

JS ‒¡No sé! Pero lo de que somos argentinos, eso lo descubrió éste hace muchísimos años.

‒¿Y Gardel es argentino, uruguayo o francés?

JS ‒Depende, si cantamos en Uruguay decimos: “¡Qué suerte que Gardel fue uruguayo!”. Si cantamos en Argentina (risas)…

‒¡Elemental! ¿Cómo es una gira a esta edad? Vos [JS] decidiste juntarte con la juventud, con un pibe de 70 años, ¿no?

JS ‒¡Claro! ¡Pero estoy empezando a recorrer el mundo! (risas).

El cariño de siempre en nuestro último encuentro (La Viola).
El cariño de siempre en nuestro último encuentro (La Viola).

‒¿Cómo es una gira hoy, comparada con las giras anteriores, donde salían de caravana y las noches eran largas?

JMS ‒Es lo mismo. Es exactamente igual.

JS ‒Se come mejor… Él tiene una lista de restaurantes impresionante (risas)…

‒¿Hacen gira gourmet?

JMS ‒Hacemos una gira igual que las que hacíamos hace 50 años: vamos en un robot y bebemos, hay lindas mujeres arriba; pero dura solo un día… (risas).

‒Tengo algunas frases que me dijeron; los entrevisté varias veces. Vos una vez me dijiste, con “Joaquín adelante, que esta dupla está basada en el respeto”. ¿Seguís pensándolo?

JMS ‒Yo lo quiero a Joaquín como es. En las buenas y en las malas, porque él te lo da todo siempre: lo malo y lo peor (risas)…

‒Y ¿hay algo que les moleste del otro?

JS ‒Ahora ya no me molesta nada. Ahora lo que quiero es que me lleve a buenos sitios a comer, que me enseñe los buenos vinos ‒yo no tengo ni idea‒, que nos riamos mucho, que los conciertos sean disfrutables y que hagamos intercambio de parejas con nuestras mujeres, porque la ¿Yutra? ¡Está estupenda! (risas)…

‒¿Qué envidian el uno del otro? ¿Hay algo que envidien?, ¿algo que vos no tengas de Joaquín; y que vos no tengas de Joan Manuel, desde lo humano, desde lo artístico?

JMS ‒Debería envidiar profundamente su mala salud de hierro. Eso ¡es increíble! La vida de Joaquín y la buena salud que tiene.

JS ‒Yo mataría por dos cualidades de Serrat: una, su capacidad de trabajo y su disciplina ‒cosas de las que carezco, absolutamente‒. Y mataría por haber escrito 25 o 30 de sus canciones (risas)… Ha sido de repertorio…

‒Una vez también te pregunté qué tres cosas te llevarías a una isla y me dijiste: “Mi urólogo, mi cirujano y mi médico de medicina” ¿Hoy te llevarías a esas tres personas? Porque se te ve muy bien de salud.

JS ‒Ahora primero me haría un chequeo, y una vez hecho el chequeo, elegiría a las tres que me llevaría… (risas)

‒Más allá de los médicos que uno se llevaría a una isla, la gente se preocupa… Charly García siempre decía: “No me digas: ‘que estés bien’, no te preocupes por mi salud”; se enojaba cuando uno pregunta por la salud. No quiero que se enojen ustedes. Pero con 70-75 años ¿están vitales?, ¿cómo están de salud?, ¿cómo se sienten?

JS ‒Yo me encuentro razonablemente bien para mantener el tipo de calidad de vida que a mí me hace que la vida sea deseable. Cuando pierda eso, habrá serios problemas.

‒¿Pero es buena calidad de vida?

JS ‒Sí. Yo no le tengo miedo, al menos no excesivo, a la muerte; le tengo pavor al deterioro físico, a no poder hacer las cosas que me gusta hacer. Por lo pronto, sigo pudiéndolas hacer y eso me da un margen de no sé cuántos años…

‒Vos escribiste canciones diciendo que a los 50 ya pensabas que estabas fuera del partido…

JS ‒Pero yo con 20 creía que la gente a los 30 años, esos que se llamaban los adultos, eran unos impresentables. Ahora lo sé. ¡Somos los impresentables! (risas).

‒ ¿Y vos cómo estás en la vida?, ¿feliz también?

JMS ‒Sí… Dentro de mis posibilidades, maravillosamente bien. Así que tranquilizo a mis amigos; y jodo a mis enemigos…

‒Puse en las redes sociales que los iba a entrevistar y qué querían que les preguntara. Y la mayoría de las personas quieren saber cómo es un día en la vida de ustedes… ¡No se imaginan! Son tan artistas, tienen tantas canciones que uno a ustedes los relaciona con el arte y con la música, y no con la vida cotidiana. ¿Tienen vida cotidiana?, ¿tienen una vida normal?

JS ‒Yo tengo más vida cotidiana que él, porque él sigue haciendo 100 conciertos al año… Yo no; hago una gira y luego me quedo en casa, y me dedico a leer, a dibujar, a ver a los amigos… Me gusta mucho salir. Pero lo que me gusta es ir a bares, de dudosa reputación por la noche, y ponerme en un rincón a escribir. Y eso hace años que no me deja la excesiva curiosidad y amor de la gente; y pido pena de muerte para el tipo que inventó los teléfonos móviles con foto.

‒¿Vos tenés vida normal, entre tanta música y arte?

JMS ‒Totalmente, sí. Creo que sí. Toco mucho pero vivo más tiempo en casa de mi mujer que en los hoteles. Vivo bien, estoy feliz en mi casa; me gusta ir al mercado, salir a la calle. Y como soy una persona que siempre quiere tener a mano las cosas que le gustan y encontrarlas, necesito dedicar un rato del día ‒no lo tengo‒ a poner en orden papeles, pensamientos, afectos…

-Por último, sabrán que están promoviendo el turismo en la Argentina, porque tocan solamente en un estadio nuevo en Buenos Aires; en esta oportunidad no van a ir al interior. Entonces, la gente de Córdoba, del Norte, del Sur, de la Patagonia, está programando venir a pasar unos días a la Capital para ver a Serrat y Sabina… ¿Fue una decisión el quedarse allí solamente, fue por algún motivo?

JS ‒No, en realidad, no queríamos hacer muchos conciertos, sino darnos el gustazo de salir otra vez de gira. Y el lado del mundo más amable para nosotros, que nos apetecía, era Argentina, Uruguay y Chile. Pero el resto es una cosa más empresarial que otra cosa.

JMS ‒Para venir a Buenos Aires hay que estarse mucho tiempo y tocar pocos días, porque si no, siempre ocurre lo mismo: no tengo el tiempo que quiero para ir… La ciudad es afortunada, algunos barrios afirmaron que han cambiado ‒y quiero verlo‒, siguen maravillosamente iguales o algunos se han deteriorado…

‒Fueron jóvenes utópicos, soñaron con un mundo igualitario, un mundo libre; escribieron eso en canciones cuando eran jóvenes, lo siguieron escribiendo a través de los años, y hoy tenemos un mundo que no nos gusta… Un mundo muy injusto. ¿Cómo lo ven? Y es imperioso preguntarles, porque siempre el argentino quiere conocer la mirada de ustedes acerca de la Argentina, de España, del mundo…

JS ‒Argentina está, otra vez, viviendo un momento delicadísimo en lo económico, social y político, como tantas otras veces que hemos ido, ¿no? La primera vez que fui era en plena hiperinflación con Alfonsín. Pero, además, dentro de la tragedia de ser un buen argentino está el que, cuando les hablas de que algo está mal, lo han vivido tantas veces… Pero sí, es muy preocupante. Y como todo va tan de prisa, tenemos los dos mucha curiosidad de saber, cuando vayamos en septiembre, qué gobierno habrá, qué medidas económicas…

‒Cuáles serán los candidatos; porque un mes después son las elecciones.

JS ‒¡Los candidatos a vicepresidente son muy importantes acá! (Risas).

‒¿A vos te deprime un poco el mundo actual? Porque ustedes han escrito sobre un mundo que se imaginaban y que pretendían, allá por los 70, cuando empezaron a escribir canciones, y la verdad que me pregunto sobre estos dos artistas, Serrat y Sabina: ¿estarán frustrados?, ¿habrán tirado la toalla?, ¿seguirán creyendo que el mundo puede ser justo?

JMS ‒Evidentemente, nosotros hemos crecido, hemos soñado, hemos luchado por lo que podíamos llamar un “mundo mejor”… Pero mirando ahora lo que queda, los sueños se quedaron en esta orilla del río, en gran parte, y nosotros ya cruzamos a la otra orilla… Hoy en día vivimos con valores y tragedias, algunas que no podríamos haber imaginado hace 30 años que iban a ser tan fundamentales en el manejo de nuestra vida y nuestras relaciones. El deterioro del espacio humano, en el espacio en el que nos movemos: la tierra, el aire, las aguas; la calidad de ellos… Todos estos elementos de humanidad que debieran ser una parte fundamental en la discusión de las ideas, de los proyectos políticos, pasan a segundo plano: “esto no existe”… Y, entonces, es una trampa tremenda para nosotros ‒y, sobre todo, para las generaciones que vienen‒: no darle a esto la importancia que realmente tiene. Porque si esto no funciona, si no se ha sabido manejar bien, lo demás no va a tener la más mínima importancia… Estos valores parece que ahora empiezan a tomar cuerpo: la gente más joven y preparada, con más conocimiento, parece que empieza a meterse por ahí y exige a la clase política que tome responsabilidades. Ojalá esto crezca en este sentido; y se apriete…

‒O sea, seguís siendo optimista, en un punto

JMS ‒No, yo no tengo más remedio…

JS ‒¡Claro! Nosotros somos la última generación (cosa que no estaba, en absoluto, previsto) que vivimos mejor que nuestros padres.

‒Saben cuánto los quiero y los admiro. Sé que son porteños y argentinos, pero cuando vayan a Buenos Aires, en noviembre, cualquier cosa que necesiten, me llaman…

JS ‒Para las copas (risas).

‒ Sí, sí, sí. Pago todo yo… Los quiero mucho, de corazón.

JMS ‒El jamón lo ponemos nosotros.

JS ‒Oye, Bebe, nosotros te queremos mucho también; tú lo sabes. Esta es tu casa.

‒Los quiero, de corazón; me emocionan. Los veo en Argentina. Gracias.