“Uno discute con su mujer quién tiene que bajar la basura y, de pronto, cae en que lo hace en el idioma del Cantar de los cantares”, reflexionaba Amos Oz poco después de ganar el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2007. Así también, con esa dicotomía que pone en tensión lo antiguo con lo moderno, vivió, escribió y trabajó el novelista, periodista y académico que murió este viernes 28 a los 79 años.

“Mi amado padre ha muerto por cáncer tras un rápido deterioro mientras dormía en calma y rodeado por sus seres queridos“, twiteó su hija Fania Oz Salzberger a primera hora de la tarde Israelí, cerca de la media mañana argentina. La vida y la obra del destacado autor se mezclan, confluyen y también ponen en tensión lo que podría darse por sentado. Amado y discutido, mantuvo siempre una coherencia profunda en favor de mejorar el mundo.

El escritor participó en la Guerra de los Seis Días, en 1967, y en la de Yom Kipur, 1973. Después, en los 70, fue uno de los fundadores del movimiento israelí Paz Ahora (Shalom Ajshav), a favor de una solución del conflicto con los palestinos basada en crear dos Estados. En sus libros, con su prosa y por medio de sus historias, unió de alguna forma la herencia cultural milenaria del pueblo judío con la identidad y realidad israelí moderna.

Su última novela publicada, Judas (2015), traducida en más de 30 idiomas, desmintió la traición a Jesús más con un espíritu detectivesco que teológico en el contexto de una angustiosa historia de amor que sucede en 1959. Quien entre al mundo literario de Oz puede elegir su camino favorito, aunque en todos está presente en la trama o como contexto subyacente una exploración de la angustia y tensiones de la sociedad israelí contemporánea, marcadas por las fronteras ideológicas y geográficas.

Amos Oz "Judíos y palestinos somos dos familias desgraciadas y mal avenidas". / Archivo Clarín

Amos Oz “Judíos y palestinos somos dos familias desgraciadas y mal avenidas”. / Archivo Clarín

Mi querido Mijael (1968) cuenta la historia del matrimonio desgraciado de Jana y hace un paralelismo con Jerusalén, una ciudad que no para de cambiar, pero que siempre está impregnada de tristeza o cierta melancolía. Una pantera en el sótano (1995) cuenta la relación que surge entre un niño judío y un sargento de la policía británica durante 1947, en la Jerusalén de finales del Mandato Británico en Palestina. Entre amigos (2013) reúne ocho relatos en el imaginario kibutz Yikhat, en donde además de contar hermosas y conmovedoras historias personales, muestra una realidad que es bastante desconocida fuera de Israel.

“La mañana la dedico a mi obra literaria, luego hago una siesta y por la tarde me toca batallar por la paz. Escribo a mano, con lapiceras diferentes, una azul, otra negra, según sea una novela o un artículo contra el Gobierno. Nunca las mezclo”, contó hace años en una entrevista. Además de sus ensayos, escribía columnas de opinión casi siempre referidas a la salida del conflicto israelí-palestino que, según él, no se iba a resolver con colonias.

En qué color habrá escrito el manuscrito original de Una historia de amor y oscuridad (2003), su autobiografía, llevada al cine dos años más tarde por su coterránea radicada en Hollywood Natalie Portman, que compró los derechos cinematográficos, hizo la adaptación a guión, la filmó en Jerusalén, la dirigió y actuó en el rol de la madre de Oz.

Hijo de una familia sionista de derecha que huyó en 1917 de Odessa a Palestina, nació en Jerusalén el 4 de mayo de 1939. Tenía nueve años cuando se proclamó el estado de Israel y apenas 15 en 1954 cuando se fue de su casa y dejó atrás el apellido paterno Klausner para adoptar el Oz, que en hebreo significa “coraje”. Dos años antes se había suicidado su madre y desde entonces, y por dos décadas, el escritor vivió en el kibutz Hulda, que fue su espacio de formación en los tiempos épicos de la creación de Israel.

“El kibutz fue un gran intento de cambiar la naturaleza humana, pero es imposible porque no puede cambiarse”, reflexionó el año pasado en una entrevista, instalado en la ciudad de Tel Aviv, cuarenta años más tarde de aquel joven que le daba sus primeras ganancias como escritor al tesorero de su comunidad agraria mientras estudiaba Literatura y Filosofía en la Universidad Hebrea de Jerusalén, entre 1960 y 1963, cuando publicó sus primeros cuentos cortos.

Además estudió en la Universidad de Oxford. Desde 1991 fue miembro de la Academia del Idioma Hebreo y durante muchos años profesor de Literatura en la Universidad Ben-Gurión de Beer Sheba, en el Neguev, y miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes. Entre otros reconocimientos, ganó el Premio Israel de Literatura en 1988; el Goethe en 2005 y fue candidato recurrente al Nobel.

Uno de los intelectuales más eminentes de la izquierda israelí, y miembro del partido socialdemócrata pacifista Meretz. Escribió sin cansancio contra los asentamientos israelíes en los territorios palestinos en todo diario que le diera un espacio y consideró crímenes de guerra las operaciones de las Fuerzas de Defensa Israelíes durante el Conflicto de la Franja de Gaza entre 2008 y 2009.

Esa israelí que provoca a todos

Hasta el último día, Oz trabajó por mejorar el mundo con las herramientas a su alcance. Ya con premios y el pelo blanco, desencantado de la experiencia kibutziana pero igual de comprometido con su plan de mejorar el mundo, en 2015 afirmó que la supervivencia del Estado de Israel requiere de la creación de un Estado Palestino independiente y que la coexistencia de ambos Estados es el camino hacia la paz en la región. Algunos en el poder los llamaron “traidor”, la mayoría lo considera un héroe y referente induscutido.