El Teatro Colón ofreció su concierto de fin año en El Rosedal, reuniendo en los jardines a distintas generaciones enlazadas por un mismo gusto: la música clásica y el interés por disfrutar de los espacios verdes. 

Desde temprano, los alrededores de la tarima ya estaban ocupados por público atento: las fiestas también se celebran al aire libre. Fue entonces cuando pasadas las 19 horas el espectáculo comenzó con la Orquesta Académica del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, dirigida por Ezequiel Silberstein.

Ellos abrieron su recital con la Obertura de El Barbero de Sevilla, para luego tocar una selección de la suite Número 1 de Peer Gynt y cerrar con otra selección de obras de Piotr Ilich Tchaikovsky. En ese tramo final, el público, cómplice, manifestó especial atención hacia El Cascanueces. 

Con los presentes ya cautivados por la música clásica, apareció el Coro Estable, dirigido por Miguel Martínez, y la Orquesta Estable del Teatro Colón, dirigida por Enrique Arturo Diemecke, para ofrecer el espectáculo principal de la noche. Diemecke no sólo destaca por sus conocimientos sobre música, evidentemente; sino también se vuelve una figura notable para el espectáculo por su capacidad para interactuar y generar empatía con el público.

El repertorio ofrecido reunió a autores como Johann Strauss (hijo), Franz Lehar, Guiseppe Verdi y Ludwig Vab Beethoven, escuchado con atención y complicidad mientras la luna se ponía en el cielo para acompañar la velada de cierre de un momento. Aplausos y melodías resonaron entre los árboles de El Rosedal, como prefacio de las fiestas venideras y declaración hacia el futuro: la música siempre estará presente.

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