El excontador de los Kirchner, Víctor Manzanares, le reveló a TN Central que llevó valijas con millones de dólares a la casa de la madre del expresidente Néstor Kirchner. En una entrevista con Nicolás Wiñazki, el diputado kirchnerista Agustín Rossi sostuvo que el testigo protegido de la causa de los cuadernos de las coimas miente.

“No le creo a Manzanares. Después puede pasar lo mismo que ocurrió con Elaskar -dentro de la causa de la Ruta del dinero K- que dijo que fue condicionado durante la entrevista, o lo que pasó con Fariña. Seguramente en el futuro nos enteraremos la verdadera motivación de la nota si es que dijo eso”, advirtió Rossi.

El legislador kirchnerista no quiso formular ninguna opinión más sobre el caso cuando Nicolás Wiñazki le volvió a preguntar, aunque sí se mostró ofuscado cuando se refirió a la causa de los cuadernos de las coimas donde hay decenas de empresarios arrepentidos.

“Nunca vamos a saber en qué momento se escribieron. La realidad es que nunca vamos a peritar esas fotocopias. No se puede determinar en qué momento y en qué secuencia fueron escritas. No digo que no hayan existido los cuadernos, pero su desaparición no nos permiten autentificar los textos“, analizó.

Además, exigió que se conforme la Comisión Bicameral de seguimiento y control del Ministerio Público Fiscal para “poder auditar la ley del arrepentido”. “Queremos ver cómo se aplicó en la causa de la fotocopia de los cuadernos”, remarcó, con ironía.

Qué dijo Manzanares

Manzanares reveló nuevos detalles que le proporcionó a la Justicia a partir de haber sido declarado testigo protegido. “Me dejaron un muerto enterrado en el patio”, graficó al recordar que en las que eran sus oficinas apareció la llave a una caja fuerte que él desconocía.

Desde un domicilio desconocido por ser parte del programa de testigos e imputados protegidos, le relató a TN Central que junto al exsecretario de la familia iba “a una oficina en pleno centro de la ciudad (Río Gallegos), donde había un armario metálico tipo caja fuerte artesanal”.

Sin embargo, en esas visitas junto a Daniel Muñoz, nunca se percató de la existencia de otra bóveda: “Había otra que yo no había visto, que estaba cubierta por un mueble de tipo oficina. No tenía la llave de ese cofre, pero después terminó en mi oficina cubierta con papel, me dejaron un muerto enterrado en el patio”.

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