El último artefacto de la NASA no es un cohete ni un avión, se trata de un globo. De unos 150 metros de diámetro, este globo ascenderá unos 40 kilómetros de altura hasta la estratosfera para ver desde allí mejor el espacio exterior. No el globo en sí, sino el telescopio que se encargará de transportar y mantener en las alturas.

Según ha anunciado la propia NASA, la idea es colocar un telescopio de última generación (el ASTHROS) en la estratosfera para observar las longitudes de onda de luz que no son visibles desde la superficie terrestre. Para ello, ¿qué mejor que un globo enorme que se mantenga en el aire por sí sólo?

Globos de 41 metros de diámetro y cubiertos de aluminio: la idea de la NASA para los primeros satélites de comunicación

Observando las estrellas desde el cielo antártico

ASTHROS es un telescopio de dos metros y medio de longitud. La NASA indica que han comenzado a trabajar en él y sobre todo en su vehículo de transporte, el globo. La idea es poder colocarlo en el aire para 2023. Si la misión sigue adelante con éxito y sin problemas, será lanzado desde la Antártida y explorará el cielo durante unas tres semanas divagando por la estratosfera según las corrientes de aire.

Debido a que la atmósfera bloquea la entrada de determinados rayos de luz, los astrónomos deben realizar algunas observaciones desde fuera de la Tierra (o al menos desde el exterior de las capas de la atmósfera que bloquean la luz). ASTHROS estará a una altura aproximada de 40 kilómetros de la superficie terrestre, pero esto no llega a ser el espacio exterior aún.

Screenshot

Screenshot

Lanzamiento de otro globo de la NASA en 2016 desde la Antártida.

El conjunto en sí estará formado por el globo de unos 150 metros de diámetro lleno de helio, el telescopio ASTHROS de unos dos metros y medio de largo, un grupo de espejos y una antena parabólica para transmitir datos. Durante el vuelo, los científicos podrán controlar con precisión la dirección en la que apunta el telescopio y descargar los datos en tiempo real utilizando comunicación por satélite.

El objetivo de ASTHROS son los gases que se forman alrededor de las nuevas estrellas recién formadas. Durante el tiempo que esté en el aire estudiará un total de dos regiones ya ubicadas por la NASA en la Vía Láctea que contienen formación estelar en estos momentos. También estudiará la presencia de iones de nitrógeno en aquellos lugares donde las explosiones de supernovas han modificado las nubes de gas dentro de las regiones de formación estelar.

Con todos estos datos se espera que ASTHROS pueda crear mapas en tres dimensiones detallados de la densidad, velocidad y movimiento del gas en las regiones con formación estelar. Un paso muy importante para entender mejor la formación de las galaxias y su evolución.

Una vez la misión finalice (esperan que dure entre tres y cuatro semanas), la góndola que contiene todos los aparatos se separará del globo y caerá en picado a la superficie. Dispone de un paracaídas para evitar el impacto y así poder reutilizar de nuevo el telescopio en futuras misiones.

Si bien los globos pueden parecer una idea del siglo pasado para volar, lo cierto es que es una de las mejores opciones para las misiones que tengan que ver con actividad en la atmósfera. Son relativamente baratos, no requieren de apenas combustible y se mantienen en su posición durante más tiempo que un avión o cohete que no puede parar.

Los globos enormes no se utilizan sólo para la investigación científica, también hay alguna que otra idea para “turismo en la atmósfera”, como la idea de Space Perspective. Veremos en los próximos años cómo evoluciona el proyecto ASTHROS de la NASA y sobre todo qué resultados ofrece.

Vía | NASA